TESTIMONIO 5 DE LA JMJ'23 EN LISBOA
Sofía Conesa, de Cartagena y Pilar Vázquez, de Alcalá de Henares, comparten con nosotros este testimonio de la JMJ que han realizado juntas:
Hace unas semanas tuvimos la suerte de poder ir a la JMJ. Cada uno venía de su casa, actividades, campamentos, vacaciones… pero, a decir verdad, íbamos con unas ganas increíbles de disfrutar y escuchar al Papa.
Nos dimos cuenta de que Dios nos sorprende siempre, incluso en lo más pequeño. Al llegar, nos impresionó la cantidad de gente que había pero nunca llegamos a imaginar que todos esos jóvenes íbamos a estar reunidos por una misma razón: su amor por Jesús.
Era siempre una alegría poder hablar con personas de otros países e incluso ir formando una pequeña familia franciscana con la gente que íbamos conociendo en el Colegio franciscano Externato da Luz. Definitivamente son un regalo, es sobrecogedor conocer a personas que aman dándolo todo por los demás, sin juzgar, sin poner excusas y siempre con una sonrisa en la cara, siendo un ejemplo de sencillez y humildad.
Esta aventura no fue nada fácil. Cada uno cargaba su cruz desde casa, la situación y las condiciones de supervivencia en Lisboa no fueron para nada fáciles, y aunque muchas veces cayéramos en la crítica, cansancio, dolor… nos teníamos los unos a los otros, porque éramos como aquel Simón de Cirene que ayudó a Jesús a cargar la cruz del mundo. Pero lo más precioso, es que todo este esfuerzo tenía una gran recompensa que era encontrarse con el Santo Padre.
Hasta hace unos días no nos dimos cuenta de una cosa, y es que SOMOS CIEGOS CUANDO MÁS QUEREMOS VER. Las palabras del Papa fueron conmovedoras y no hubo ni una sola vez en la que no se nos llenaran los ojos de lágrimas, pues sus palabras transmitían la clave del cristianismo: el AMOR. Un amor que sobrepasa todo lo humano y que nos anima a querer levantarnos y ponernos en camino.
Para nosotras, esta JMJ ha sido un gran impulso para compartir con nuestro entorno y con la Iglesia. Una Iglesia que está abierta a todos, que está viva y llena de jóvenes que la nutren cada día con sus dones.
Así que a ti te digo: “Levántate y síguele, no tengas miedo y expón tus dones a los demás hermanos”.
No olvidéis a vuestra Madre María, que dijo Sí y fue corriendo a ver a su prima Isabel para que la misión que el Padre tenía para ella se cumpliera.
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